Viajar por carretera tiene algo especial: nunca sabes dónde vas a acabar parando.

Y todos conocemos sitios rarísimos.
Ese bar perdido en mitad de la nada donde:
- el camarero lleva ahí desde 1998
- las paredes están llenas de matrículas
- y el menú parece pensado para alimentar a un ejército
Luego están las áreas de servicio modernas.
Las que parecen:
- un aeropuerto
- un centro comercial
- o directamente una ciudad pequeña

Y lo mejor siempre es la gente.
Porque en carretera te cruzas con:
- camioneros veteranos
- viajeros extraños
- camareros con más historias que Netflix
- y personajes que parecen inventados
También hay una norma no escrita:
Cuanto más raro parece un bar por fuera…
mejor suele estar la comida.
Aunque a veces pasa justo lo contrario y acabas pagando 9€ por un bocadillo tristísimo.
Pero ahí está la gracia.
La carretera nunca es solo conducir.
Muchas veces, las mejores historias empiezan cuando paras.


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